jueves, 30 de octubre de 2008

La ropa de otoño...


Hoy tenía la cabeza llena de recuerdos contigo, y tonta de mí, creí que podría huir de ellos. De modo que después de desayunar me he propuesto hacer algo productivo, y me he puesto a cambiar la ropa de verano por la de otoño, ahora que la ola de frío ha llegado. Y ahí estaba yo, subida en la escalera bajando cajas como una loca y apilándolas en un lado del cuarto. Cuando ya las tenía todas, he vaciado la primera sobre la cama dispuesta a llenarla con los bikinis, que seguro seguro no voy a necesitar más. Entonces, he cogido el primer bikini, uno nuevo que nunca me has visto puesto, y he comenzado a llorar, de pensar que el verano definitivamente se ha ido, y no has vuelto.

No has vuelto para verme aquel bikini, ni toda la ropa morada que me he comprado, ni las manoletinas azules que me regalaron las niñas por mi cumpleaños... no conoces la mitad de mi armario.

La otra mitad, la he apretado contra el pecho antes de meterla en la caja, porque en algún momento me la había puesto para quedar contigo y me habrías dicho lo bien que me quedaba o la habrías criticado, depende del día y de las ganas de jugar que tuvieras. Y luego he encontrado aquella sudadera blanca que compramos nuestro primer verano juntos, cuando yo solo queria complacerte y casi parecía Britney Spears vistiendo de chándal y con mis dos coletas rubias... claro que con 17 años no se puede pedir mucho más... Aunque a ti te encantara y teniendo 22 me repitieras una y otra vez que debía ponerme más a menudo las sudaderas. Por eso cuando venías a casa intentaba ponérmelas, aunque la sudadera fuera roja y mi pijama rosa... Y cuando quería darte una sorpresa bajaba al coche donde me esperabas llevando una puesta, y entonces, en lugar de ver que te gusta un tipo de chica que no era como yo, veía que podía gustarte incluso más si me lo proponía. Porque tú me hacías ser optimista. O estaba ciega... no lo tengo muy claro...

Hoy he cerrado el verano. Un verano sin ti. Con la mitad de las cosas recordándome tu ausencia y la otra mitad subrayando los casi 4 meses que hace que te fuiste. Y he abierto un otoño, con toda la ropa oliendo a la Mimi enamorada del año pasado. Tanto que casi tengo miedo de ponermela por no quitarle esa ilusión de entre las fibras, esa inocencia. No tengo fuerzas para presentarles una vida sin él. No puedo pasearlas por donde fui con el, y hacerlo a solas, con las dos manos libres y el corazón tan pesado. No puedo.

Y he pasado así el día entero, pensando qué haré con mi armario y cuánto dinero necesitaré para recuperar la mitad de mi lencería que ya no uso y la ropa de invierno que intuyo que no seré capaz de llevar. Así hasta que en el coche de vuelta al trabajo, a las diez y media de la noche, mi madre me ha dicho que tiene que acordarse de mi porque cinco años no pasan en valde. Porque me preguntó por mi alianza la última vez que nos vimos y me preguntó por el Mesenger pq había estado en su pueblo cuando podía haberlo pasado por alto y no haberme hablado. Porque en el fondo se que esta decision la ha tomado con la cabeza, por lo que su corazón, igual, en el fondo, sigue siendo un poco mío. Ay!! Un poco mío... mi niño... ya verás... voy a recuperarme... voy a aprender a vivir sin ti... para vivir contigo... aunque suene contradictorio...

Te quiero, hoy y siempre. CONTIGO

miércoles, 29 de octubre de 2008

Merece la pena


Hoy he tenido un día difícil y he abierto el ordenador dispuesta a contaros que he estado donde me dejó y que casi me muero... Pero al leer vuestros comentarios, y el nuevo blog de Gema, he pensado que por hoy voy a darme una tregua. No todo esto es dolor. Yo misma sonrio a lo largo del día más de una vez al recordar cómo era antes mi vida.

Por eso he querido poner aqui esa cara bonita del amor, aun cuando no es posible "por ahora", se supone que no es correspondido, o se espera que el otro vuelva a tu lado....

Es una conversación de la serie Dawson Crece, para quienes no la conozcais creo que lo entendereis sin explicaciones... Porque el amor puede ser maravilloso... Para que no olvidemos por qué lo estamos pasando mal... Pq duele pero merece la pena...
- Si lo vas a hacer porque yo...
- Pacey, voy a hacerlo porque ayer cargaste con mi bolsa desde el autobús, voy a hacerlo porque cuando vamos al cine tú vas a comprar las palomitas y me traes una servilleta para que no me limpie las manos en los vaqueros y porque la semana pasada cuando jugábamos al mini-golf diste los primeros pasos para que me aprendiese el recorrido...
- Bueno eso...
- Tú me enseñaste a conducir y en el baile de fin de curso sabías que el brazalete que llevaba era de mi madre. - (le desabrochan la camisa lentamente)- Tú me besaste primero y la segunda vez contaste hasta diez mentalmente antes de volverlo a hacer por si yo quería impedirlo. Me compraste una pared. - (le quita la camisa y le besa las manos)
- No te la compré, más bien...
- Estuvimos en un barco tres meses y te diste cuenta de que no estaba preparada. - (le quita suavemente la camiseta que cae al suelo)- ¿Vas a preguntarme si ahora lo estoy? Pacey; voy a contar hasta diez y cuando acabe voy a empezar a besarte y si no quieres que lo haga tendrás que impedirlo. - (le pasa su mano por el torso mientras cuenta mentalmente)- Diez

martes, 28 de octubre de 2008

No sé vivir sin ti


Hoy es un día de esos en los que te planteas para qué vivir así, viendo pasar los días y haciendo cosas insulsas. Es cierto que ya no lucho por sobrevivir, lo que me deja más tiempo libre y algo más de ánimo, aunque sólo un poco más, sin embargo, sigo sin encontrarle sentido a esta extraña existencia.

El mismo día de mi cumpleaños, hace dos meses y medio, fue el primer día que me atreví a pronunciar en voz alta los pensamientos que llevaba días dando vueltas en mi cabeza: no había motivos para seguir viviendo. Mi novio se había ido, y se había llevado con el mi alegría y mi amor por la vida. Yo, a las que todos comparan siempre con Campanilla, había perdido todo el polvo mágico y ya no sabía volar. Y vivir en la tierra no merece la pena, no puedo ser como el resto de los mortales, no sé conformarme con eso.

Y eso me pasa hoy, que no se conformarme con comprarle cositas a mi gata, hacerle caricias, hablar con mis amigos por el mesenger, comer con mis compañeras de trabajo y ver una buena película en la tele. Hoy tengo ganas de ti. Quiero que me beses, que me abraces, que te pasees conmigo por el centro y que me digas que me quieres. No puedo vivir con menos. No se pasar los días así. No sé dar gracias al cielo por no sentir la angustia de antes en el pecho ni por poder medio dormir. No sé apreciar que los días cada vez son menos pesados y que casi puedo sonreir. Yo quiero vivir mi vida o nada. Este juego no me gusta. No soy de medias tintas. No me conformo. Hoy, como siempre aunque más que nunca, NO SÉ VIVIR SIN TI...

lunes, 27 de octubre de 2008

Maldito destino...


El destino es caprichoso. Hoy, un día normal para cualquier persona, ha resultado ser una batalla continua para mí, aunque acabe de llegar de Madrid y casi me creyera algo más recuperada.Todo depende del cristal con el que se mire. Con el fondo con el que se afronte la realidad.

Estando en Madrid una amiga me escribio para preguntarme cómo me iba por la capital, y aunque le dije que bien, no pude evitar decirle que todo me recordaba a él y que eso me ponía triste y no me dejaba integrarme en el grupo. Sin embargo, al despedirme de mis amigos ayer, sentí que había sido feliz aquel fin de semana. Dos verdades para una sola realidad. Aunque la gran mayoría no pueda comprenderme.

No hay mejor ejemplo para esta relación que la lucha que mantengo con mi reloj, que fue mi regalo de aniversario en una habitación verde que hacía esquina en una calle del barrio de Montmartre en París un precioso 26 de abril, hace sólo 6 meses y un día. Yo entonces estaba a medio vestir, pero la ilusión no me dejaba esperar, de modo que se senté en la cama con mi chaleco y unas braguitas negras frente al escritorio, donde tenía apoyada mi novio su mochila, y de la que sacó una bolsa negra de Festina. Hay días que consigo mirar la hora y ver sólo eso, unas agujas marcando números. Sin embargo, otros días veo aquella habitación, y siento los nervios en el estómago y el frío en las piernas. Y noto la textura del edredón y la tenue luz, aunque este de pie y haga 40 grados. En esos momentos, le veo frente a mí, y los ojos se me humeden porque esto no es un sueño, sino que realmente le he perdido... a él y a mí...

Cualquier cosa puede ser un arma de doble filo. Hoy han sido los doritos.Normalmente, nosotros nunca comprábamos doritos, sino nachos, que han sido completamente prohibidos en mi casa hasta nuevo aviso, auque hay días que pienso que será para siempre porque no creo que yo pueda preparar nachos con queso sin mi niño... y casi parece imposible que vuelva... y yo me muero sin él... y entonces no hay remedio...Por eso hay solo doritos en casa, porque representan ningun peligro. O eso pensaba yo, porque esta mañana me ha dado la gula, y he ido a buscarlos a la cocina. Al abrir la bolsa he pensado que eran demasiado secos y he sentido en el paladar el sabor de la salsa de tomate que acompaña a las dippas. En ese momento he dejado de tener frente a mí el armario de la cocina y ha aparecido su coche, una noche en la iba de copiloto preparándole doritos mojados en aquella salsa. Era un viaje largo, y él estaba cansado, por eso bajamos en una gasolinera a comprar una cocacola. Resulta que habíamos quedado en Cádiz, me había recogido de la estación y habíamos ido a comprar comida antes de ir a su casa en la playa, para pasar un finde inolvidable. Pero al llegar a la casa, mi niño se dio cuenta de que no llevaba las llaves y tuvimos que volver a la ciudad. La noche había caido, y mi nene andaba malhumorado por el olvido, mientras que yo le sonreía y trataba de animarlo. Y hoy me he planteado si todo el mundo habría reaccionado como yo, o se habría molestado por el viaje en valde y el poco cuidado que demostraba su novio. Entonces, con esos pensamientos, el coche desapareció de mi vista, y la carretera oscura, y el peso de los doritos y la salsa... y mi niño de mi lado izquierdo... y me quedé sola y hundida frente al armario de la cocina.

Miré los doritos, que tantas veces he comido desde que me dejó sin que me recordaran a nada, y fui coger uno, cuando la textura en mis manos me dio arcadas y los solté como quien deja caer una sartén con el mango hirviendo. Y ya no he comido. Tenía el estómago del revés o peor aún. Y ahora, mientras escribo esto, he dejado de verme mentalmente en el numerito de esta mañana y hemos aparecido los dos en el cine comprando nachos a la entrada. A mi niño le encantaban los nachos que preparaban allí... los que conoció en Bruselas cuando vino a verme estando de erasmus.. y no tendría pq acordarme de eso ahora, cuando estoy hablando de Doritos y de la playa... y es que hoy tengo el destino en mi contra... y no pued con los recuerdos... no puedo pq me recuerdan que igual no vuelves... y si no vuelves... no sé qué será de mí...

domingo, 26 de octubre de 2008

Sí, si Madrid...

He pasado el fin de semana en Madrid con unos amigos, tratando de disfrutar de la vida aunque no estés a mi lado. Y he podido sonreir de nuevo al descubrir a alguna de las niñas mirandome de reojo para vigilar cómo estoy. Incluso he sentido aliviada la carga que llevo en el corazón cuando me han abrazado, muy fuerte, como si con ello quisieran consolarme en lo más profundo del alma. Y me han comido a besos hasta que se me han humedecido los ojos, porque aunque yo siempre haya dicho que soy más arisca que un gato, necesitaba que me quisieran en demasía este finde. Me he cansado de lamerme las heridas sola. Por mucho que me cueste reconocerlo, yo, que siempre he presumido de ser autosuficiente e independiente, tengo unos arañazos en el corazón que no soy capaz de curarme sola.
Y ya estoy de nuevo en casa, aunque no de la misma manera que hace tres días. Ahora tengo algo de la ilusión y la alegría de la Mimi de antes, que me permite ser más optimista y sonreir a ratos. Aunque no estés conectado, no te importe si estoy en Madrid o Sevilla, no sepas que he salido las dos noches en minifalda, no me hayas llamado mil veces al día como en la última visita que hice con ellos a la capital... Aunque no te tenga de ninguna manera, ni un poquito mínimo, ni una mijita... Yo que te he tenido todito para mí....

He paseado tres días por donde fuimos nosotros hace cuatro años, en nuestro primer viaje juntos. Por eso me quedaba a ratos mirando al vacío, porque si me esforzaba casi podía vernos paseando por allí, y me reconfortaba porque te sientía cerca, aunque fuera en mi imaginación. Y me senté en un banco frente al Prado, bajo el sol del mediodía para escuchar llorar a un violín mientras miraba el edificio. Y levante la vista y le susurré al cielo que te quería.

Ultimamente no puedo evitar hacerlo cuando algo me recuerda a ti. Lo hago bajito, casi sin mover los labios, porque me sale de tan adentro que de decirlo con más fuerza me quedaría vacía. Y me sale la sonrisa de pensar que recibirás mi mensaje, porque por muy lejos que te vayas siempre estarás bajo el mismo cielo que yo. Por eso hoy no voy a decirte aquí que te quiero, sino que voy a elegir a una estrella y voy a contárselo a ella, a ver si le conmueve ver a una loca enamorada que sólo puede contarle al cielo su pena y te hace llegar el mensaje.

jueves, 23 de octubre de 2008

Miedo, tengo miedo...


Miedo,

tengo miedo,

Miedo de quererte,

Miedo,

tengo miedo,

Miedo de perderte,

Sueño, noche y día,

Que sin ti me quedo

Tengo vida mía

Miedo,

ay… mucho miedo.


Llevo algún tiempo teorizando a cerca del miedo en mi cabeza. Creo que lo que entendía por miedo antes ya no es lo mismo que ahora, aunque tengo que reconocer que no me sorprende el cambio. Ya no sostengo casi ninguna de mis afirmaciones que antes defendía y he tenido que retractarme en la mayoría de mis creencias más profundas. Una a una. Con todo el dolor de mi corazón, porque con cada rectificación he dejado atrás la inocencia y el amor ciego de la Mimi de principios de año, pero me han pasado demasiadas cosas como para seguir pensando igual. O mejor dicho, lo único que me ha pasado me ha marcado demasiado como para seguir pensando igual.

Ya no creo que la verdad se lea en una mirada. No creo que se pueda estar segura nunca del amor de nadie. Aunque creas que conoces cada fibra de su cuerpo, cada pequeño pensamiento suyo, cada gesto, cada mirada, cada palabra y cada silencio. Aunque creas que esa persona es tan parte de ti que puedes sentir en tu pecho lo que le ocurre, hay que mantener los pies en el suelo. Y me pregunto si seré desconfiada el resto de mi vida o vendrá quien consiga hacerme olvidar este miedo que tengo, fruto del enfado que sostengo con el amor, que me ha engañado. Me hizo creer lo que no era y me prometió lo que luego me ha arrebatado cruelmente entre los dedos mientras dormía. Y tengo miedo de que nunca vaya a poder descansar y vaya a tener que pasar el resto de mi vida vigilante, desconfiada del amor que me prometan.

Me repiten continuamente que esto se pasa una vez en la vida, porque sólo se comete el error de querer a otra persona más que a ti misma una vez, porque luego "aprendes a relativizar" las cosas. O lo que es lo mismo, ya no te entregas igual porque tienes miedo de que sea para nada, de que se marche y te deje vacía como la otra vez. Aunque no sé si es mejor vivir el momento y pasar el duelo si te toca pasarlo, porque salir con alguien y no apostar por que esa relación es para siempre a mi me parece contradictorio. Será que realmente estoy loca, y no me extraña, porque hay que estarlo para confiar en que volverá, y que comprenderá que no va a encontrar a nadie que le quiera como le quiero yo, aunque tengamos 23 años y toda la vida por delante. Porque le quiero desde antes de ser quien soy, cuando sólo era una niña de 17 años y me ponía los pantalones rosas y las dos coletas en el pelo. Desde entonces y hasta hoy es como si mi vida estuvirera hecha de él y para él, así como la suya estaba hecha de mí y para mí. Y tengo miedo de que confíe en la posibilidad de que haya otra chica que pueda ocupar mi puesto y hacerle más feliz. Y vivo con muchos miedos que se presentan en sueños para no dejarme dormir y durante el día para no dejarme vivir. Y así paso las semanas, deshojando la margarita por si esta vez la suerte quiere ponerse de mi lado y me devuelve su amor, que es lo único que pido en esta vida, porque de lo demás ya me encargo yo. Prometo cuidar la relación cada día, con el esmero, el cariño y la dedicación de siempre multiplicada por dos, porque ya he aprendido la lección. Le he visto las orejas al lobo, he comprendido lo que quiero y se valorarlo, devuelvemelo y te lo demuestro... por favor...

martes, 21 de octubre de 2008

Abandono,,, ni contigo ni sin ti...


Hoy oficialmente abandono. He estado estas últimas semanas intentándolo con todas mis fuerzas pero hoy ya no puedo más. Estoy harta de fingir que todo va bien de puertas para afuera. Estoy harta de lucir la media sonrisa cuando los chicos me preguntan cómo estoy o si lo he superado. Lo hago porque tengo que reconocer que dos de ellos me parecen monos, incluso puede que el que he conocido hoy tb me lo parezca, y cuando juego a creerme que lo he superado con ellos me siento bien. Al menos me siento mejor, que no es poco.

En esos ratos, vuelvo a sentirme bien conmigo misma y pienso que igual, quizas, puede o podría ser, que remotamente esto tuviese salida. Pero entonces les miro y no son mi niño. No tienen su sonrisa, ni me miran igual, ni tienen su carácter ni nada. Se convierten en nadie y yo me siento asqueada de estar sentada a su lado, imaginando que igual, quizas, puede o podría ser, que remotamente pudiese tener algo con ellos. La última persona que besó mis labios fue él, y tengo que renocer que no es algo que me haya costado especialmente, ya que ni estando borracha he tenido la más mínima tentación o duda. Yo sólo quiero estar con mi niño, si no es con él no quiero saber de nadie más. No quiero!

Hoy he estado en el pueblo de su madre, donde una vez fuimos a una comunión. Y he pasado por el lugar donde aparcamos el coche, y casi he podido sentir el sol de mayo acariciando mi traje de flores y su chaqueta azul. Ese día me presentó a toda su familia, y lo hacía con una sonrisa de orgullo en la cara. Luego, me llevó a desayunar un mollete. A mi niño le encantaban los molletes... Y hoy no he podido evitarlo... lo reconozco... hoy le he escrito un sms. Y no me ha respondido...


Y no sé qué será de mí si no quiero estar con otros y él pasa de mí... no sé....